Hemos elegido Calafell para nuestras mini vacaciones solo porque hemos encontrado allí un hotel más o menos asequible que admitía perros. El hotel estaba en primera línea de playa, sin una calle o carretera por medio, perfecto, porque solo íbamos 3 días y queríamos tener el mar muy cerca.

Teníamos plan de madrugar para aprovechar los paseos por la arena dorada de la Costa Dorada. Disfrutar de la playa a tope, mirar al mar hasta que nos duelan los ojos para no perder ningún detalle, ningún cambio del tono de agua, cenar sepia a la plancha en algún chiringuito, viendo el mar por supuesto. No frustrarnos ni enfadarnos por el hecho de que haya mucha gente en la playa en agosto. No teníamos más expectativas, nuestro plan no incluía ninguna visita cultural, ningún encuentro con la historia.

¿Nada de la cultura ni de la historia? Las primeras impresiones engañan. Calafell está lleno de tesoros y ni siguiera hay que escarbar para encontrarlos porque están en la misma playa, entre los hoteles, restaurantes, apartamentos y tiendas.

Tesoro nr 1.

Casa de Carlos Barral.

Un escritor catalán antifranquista que escribía en castellano.

Un editor con una misión: dar a conocer en España a los escritores latinoamericanos.

La modesta y encantadora casa hospedó a 5 premios Nobel y se ha convertido en uno de lugares de referencia para los autores de la lengua castellana. Gabriel García Márquez, Julio Cortazar, Juan Marsé, Carmen Martín Gaite, Mario Vargas Llosa, entre muchos otros, han pasado temporadas aquí. Qué de  palabras han oído estas paredes.

Entras y te sientes como en tu casa. Es un disfrute estar allí. Y más, porque es una de las últimas casas antiguas de pescadores que quedan en el pueblo.

Casa de Carlos Barral en Calafell.
Casa de Carlos Barral en Calafell.
Casa de Carlos Barral en Calafell.
Casa de Carlos Barral en Calafell.
Casa de Carlos Barral en Calafell.
Tesoro nr. 2

El edificio de la antigua Cofradía de pescadores convertido en un museo. Explica y conmemora el pasado de la comunidad de los pescadores, en un pueblo sin puerto, donde los barcos bajaban al mar y subían con la fuerza de los hombros humanos y donde todos los habitantes, la comunidad entera, trabajaban en la pesca, directamente en el mar, o indirectamente enmendando las redes o haciendo conservas. Impresionan las imágenes. Es un sitio que transmite  mucha energía, también nostalgia. Al salir de allí ves con otros ojos, menos críticos, lo que es Calafell ahora. Su fisionomía ha cambiado, se ha llenado de turistas, ha perdido mucho de su encanto, pero los habitantes ya no arriesgan sus vidas todos los días.

Cofradía de Pescadores en Calafell.
Cofradía de Pescadores en Calafell.
Cofradía de Pescadores en Calafell.
Tesoro nr.3

La Ciudadela Ibérica es un yacimiento arqueológico. Es un recinto fortificado del año II AC que ha sido reconstruido con métodos de arqueología experimental. Si quieres puedes acceder a él  por una torre de asalto romana.

Puedes subir las escaleras y cotillear las estancias que servían de dormitorio, puedes tocar las cestas y alpargatas dejadas al lado de los colchones.

Es una visita muy agradable y sorprendente, un viaje en el tiempo.

Para acceder andando (unos 25 min desde la playa), hay que caminar un tramo por la carretera.

La Ciudadela Ibérica en Calafell.
La Ciudadela Ibérica en Calafell.
La Ciudadela Ibérica en Calafell.
La Ciudadela Ibérica en Calafell.
La Ciudadela Ibérica en Calafell.
La Ciudadela Ibérica en Calafell.

A 2 km de la playa está el núcleo urbano de Calafell, con sus calles medievales y castillo. No nos dio tiempo a visitarlo.

Calafell se merece una estancia más larga de 3 días.

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