Hay momentos en los que el ruido en clase es inevitable: cuando realizamos TRABAJO COOPERATIVO, cuando hacemos un juego, cuando preparamos una actuación o cuando hay mucha emoción (¡la emoción en clase es maravillosa!)
No siempre el ruido en clase es malo.
Sin embargo, en otros momentos es una pesadilla que nos puede impedir desarrollar nuestro trabajo y por eso es muy importante conseguir controlar ruido en clase.
Para luchar contra el ruido establecemos normas que aclaran cuando el silencio en clase es necesario. No les pedimos a los alumnos que estén en silencio siempre, sino en situaciones concretas. No imponemos las normas, sino discutimos sobre su necesidad y lo razonamos, escuchando a los alumnos y aceptando en la medida de lo posible sus propuestas.
De esta manera es más fácil que los alumnos las acepten y las asimilen.
Los mismos alumnos se dan cuenta de que si hablan todos a la vez, nadie entiende a nadie, o si hablan mientras la profe explica algo, no se enteran, o no se enteran sus compañeros; o de que salir de clase sin despedirse de la profe es una falta de cariño y de respeto, etc, etc, etc.
Nuestras normas consensuadas son estas:
- Hablamos uno a uno, y cuando queremos hablar, levantamos la mano y esperamos a que la profe nos dé el turno.
- Cuando la profe explica algo, o le toca hablar a un compañero, escuchamos y miramos. No hacemos ninguna otra cosa.
- La clase termina cuando lo dice la profe, no cuando suena la campana (en nuestro cole la música).
- Nos sentamos un momento en silencio antes de hacer la fila para cambiar de clase o salir al patio, y también, por supuesto, antes de irnos a casa.
Para conseguir que se cumplan estas normas, los profes actuamos de esta manera:
1.No hablamos cuando hay ruido en clase. Nos quedamos de pie en silencio. Los niños lo van notando y piden silencio unos a otros.
2. En vez de pedir silencio (es casi imposible no subir el tono de voz) utilizamos la señal visual “ruido cero”: un dedo en los labios, la otra mano arriba.
3. Damos las gracias a los que reaccionan y dejan de hablar, pronunciando sus nombres. “Muchas gracias, Pablo”, “Muchas gracias, Laura”.
4. Establecemos momentos de descanso, acordándolos con los niños. Les hacemos caso cuando piden un descanso. También acordamos que después de la pausa volvemos a trabajar sin rechistar. Normalmente el trabajo cunde de maravilla, porque a los niños les gusta ser escuchados y lo agradecen.
5. Gestionamos las salidas de clase.
Es muy difícil controlar a 20 niños después de varias horas en el cole, cuando lo único que quieren hacer es salir corriendo. En este momento no hacen caso a su profe y es fácil caer en la trampa y enfadarse. Para mí, no hay nada peor que terminar un día en el colegio enfadada con mis alumnos.
La salida del cole es un momento importante, que debería ser celebrado.
¿Qué podemos hacer?
Tal vez aceptar que un momento de descontrol es inevitable y permitirlo.
Así que yo me quedo de pie, sin hablar, con los brazos cruzados, esperando a que los alumnos se sienten, dejen de hablar y me miren. Lo van a hacer porque saben que no vamos a salir, ni hacer fila, hasta después de que nos despidamos y nos deseemos una bonita tarde.
Una rutina basada en estas normas nos ayudará a controlar el ruido en clase, a crear un buen ambiente en el aula, a mejorar las relaciones entre la profe y los alumnos y nos ahorrará mucha energía.

