Cuando pasamos Zaragoza yendo desde Madrid hacia Barcelona vemos unos montículos  blanquecinos cubiertos de escasa vegetación que forman un paisaje extraño. Siempre he tenido ganas de adentrarme y ver cómo es esta zona. Los Monegros. Hasta el nombre para mí está cargado de significado, suena con fuerza. 

Pues hace poco, volviendo de unos días de vacaciones en la costa catalana con mi hija y mi perro, conseguí cumplir mi deseo. Tomamos la desviación de la A2 en Bujalaroz con la excusa de visitar la ermita de San Benito, que está cerca de Monegrillo, (me encantan las ermitas)…

Y fue como viajar a través del espejo.

El contraste entre el acomodado mundo de una autopista de pago y aquella carretera estrecha, polvorienta y llena de baches quita el hipo. En 20 km a 50 por hora no nos cruzamos con ningún coche ni vemos ninguna casa o animal. Solamente las colinas descoloridas, campos llenos de piedras y algunos árboles, luego leo: sabinas. Cada minuto vamos perdiendo el sentido de la realidad. ¿Dónde estamos? ¿Qué día es hoy? La carretera sigue sin que cambie nada y yo empiezo a agobiarme. Me estoy arrepintiendo de haberme desviado. Quiero que esto termine ya. Tengo ganas de salir corriendo. De repente, mi hija rompe el silencio y dice bajito: un día podríamos hacer alguna ruta por aquí. En este momento pienso que a las dos nos pasa lo mismo: no sabemos si este sitio nos gusta o nos espanta, pero ejerce una extraña atracción sobre nosotras. Dicho con otras palabras, nos flipa.

Por fin vemos unas casas que se difuminan en el paisaje. Es Monegrillo, pero el GPS dice que tenemos que seguir hacia Farlete.

Muy cerca de Monegrillo aparece una gasolinera como si fuera una pegatina brillante sobre un fondo gris. Aprovecho para repostar, comprar unas coca colas y preguntar por el camino a la ermita. Casi me sorprende que la persona que me atiende resulta ser un chico amable y alegre. Una persona normal de un mundo normal. Nos indica el camino a la ermita, que ya está muy cerca, unos pocos kilómetros.

Pero cuando salimos de la gasolinera y la dejamos atrás, otra vez tenemos esta sensación de estar perdidas. El paisaje es estremecedor, te encoge corazón. El vacío del paisaje, el silencio. Su dureza, su tristeza. Y de alguna manera inexplicable, su belleza.

Encontramos la ermita. Es del siglo XVI, tan pintoresca y romántica como me lo prometían unas pocas fotos encontradas en Internet.

Más soledad, más silencio; mucha, mucha extraña belleza más. 

Cuesta imaginar a la gente de aquí. ¿Cómo es su vida? ¿Les afectará de alguna manera ver este paisaje todos los días?

Damos una vuelta por la zona. Son las 14.00, hace un sol de justicia, pero sopla el viento y no se sufre por el calor. Mi perro yayo y mi hija están corriendo encantados.

Cuando subimos al coche, lo tenemos lleno moscas. ¿De dónde han salido?

Seguimos hasta Farlete y luego a Zaragoza y a Madrid. Toda la aventura por los Monegros nos alargó el viaje unos 6 km y tal vez una hora, pero nos regaló una estampa muy especial y muy diferente de todo lo que hemos visto este verano.

El paisaje de Los Monegros, entre Monegrillo y Farlete.
El paisaje de Los Monegros, entre Monegrillo y Farlete.
El paisaje de Los Monegros, entre Monegrillo y Farlete.
El paisaje de Los Monegros, entre Monegrillo y Farlete.
El paisaje de Los Monegros, entre Monegrillo y Farlete.
Los Monegros: ermita de San Benito.
Los Monegros: ermita de San Benito.
Los Monegros: ermita de San Benito.

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4 comentarios en «LOS MONEGROS»

  1. Siempre he querido conocer “ Los Monegros “ pero también siempre he pensado que me agobiaría un poco tanto desierto. Yo vengo de tierras donde el verde llega a ser “ insultante”, como dice un buen amigo mío. Creo que mis sentimientos en ese paisaje, para mi tan descarnado, serían los mismos que los de Kasa. Me gustan mucho las fotos que acompañan al texto. Gracias , Kasa

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