Cuando llegamos a Santiago terminando el Camino que habíamos empezado 12 años atrás, sentíamos tristeza. Nos había encantado “estar” en el Camino, hacer escapadas desde Madrid para retomarlo donde lo habíamos dejado, tener tantos kilómetros por delante (¡fueron 940!) Esta aventura se estaba terminando. No nos hacía ilusión la misa de peregrino ni siguiera con el botafumeiro  (vale, el botafumeiro si), ni recibir nuestra “Compostelana”. Lo que nos consolaba era poder conocer a las Dos en Punto y saludarlas. Como la gente que quiere abrazar al santo, nosotros queríamos abrazarlas a ellas. Por lo menos a su estatua, que está en el parque de la Alameda. Una estatua policromada, de colores alegres, inocente e indefensa, que sin embargo también es una denuncia. 

La estatua de las hermanas Fandiño Ricart en Santiago.

Las Dos en Punto, Dos Marías, Cara de Palo…¿Quién ha oído hablar de ellas? 

Nosotros las conocimos en el teatro Naves del Matadero en Madrid. El título de la obra:  “Las Dos en Punto” no nos decía nada; pero somos fans de la directora Natalia Menéndez.

En el escenario vimos a dos mujeres adultas que parecían niñas: simpáticas, vulnerables, graciosas, exageradas. Todos los día a las dos en punto salían de paseo cogidas de brazo. Nos reímos de sus comentarios sobre los hombres (afirmaban que todos se enamoraban de ellas), de las situaciones absurdas que se estaban produciendo con sus despistes; pero pronto se traslució lo que había detrás: dolor, miedo, pérdida. En el transcurso de la obra empezamos a sentir mucho cariño por estos dos personajes que, entendíamos, eran un símbolo de todas las víctimas de violencia y de injusticia. Aplaudimos la obra y desde la pantalla nos despedían las caras de las dos actrices en diferentes fotos caracterizadas de los años de posguerra.… Y de repente nos dimos cuenta de que sus caras habían cambiado y que estábamos viendo fotos reales. Que estas mujeres, tan especiales, tan grotescas, con sus vestidos chillones, con su maquillaje tan extremado, con su sufrimiento, habían existido de verdad.

Las dos en punto: hermanas Fandiño Ricart.

Para saber qué es lo que realmente les había pasado, había que rebuscar en Internet, porque la obra no lo revelaba de una manera explícita. Desde que leímos cómo había sido la vida de estas dos mujeres, el cariño que empezamos a sentir por ellas ha ido en aumento. También pena por su vida truncada, rabia contra la injusticia que tuvieron que vivir y contra todo el mal que tuvieron que soportar. 

Las dos en punto: hermanas Fandiño Ricart.

Se llamaban Maruxa y Cordelia Fandiño Ricart.

Eran muy conocidas porque de jovencitas salían de su casa todos los días a la misma hora para darse un paseo por el centro de Santiago.  

Estas mujeres, antes del año 1936, eran trabajadoras, modistas, y hermanas de militantes de la anarquista Confederación Nacional del Trabajo. Cuando empezó la represión franquista, uno de sus hermanos fue asesinado y otros dos huyeron, y ellas, aunque no pertenecían a ningún partido político, fueron vejadas, humilladas, maltratadas y perseguidas por el régimen franquista con el fin de que delatasen su paradero. Durante años los guardias civiles venían a por ellas a cualquier hora del día y de la noche, registraban la casa, destrozaban los muebles, las golpeaban, les rapaban el pelo, las desnudaban en la calle…Se murmuraba que también las violaban.

La gente dejó de hacerles encargos por el miedo de “quedar  señalados”. Había mucho miedo en España entonces y ellas eran el ejemplo vivo de que no era infundado. Las hermanas quedaron solas y desamparadas, con un oficio, pero sin posibilidades de ejercerlo, sin posibilidades de mantenerse por sí mismas y con demasiado orgullo como para vivir de la beneficencia. 

No toda la ciudad les dio la espalda; algunos vecinos les ayudaban en silencio: para que no se muriesen de hambre dejaban algo de dinero en las tiendas y los tenderos les ofrecían productos “gratis”; sobre todo galletas y vino dulce. Les regalaban los retales, con los que ellas confeccionaban su ropa. 

Porque cuando cesaron las represalias  (ya que sus hermanos fueron atrapados y encarcelados), Maruxa y Cordelia no se encerraron en casa para llorar su desgracia y su deshonra, sino que volvieron a salir de paseo, para flirtear y piropear a los estudiantes, cogidas del brazo, como lo hacían antes de la guerra: todos los días, con sol o con lluvia, a la misma hora, a las dos en punto.

Las dos en punto: hermanas Fandiño Ricart.

Llamaban la atención con su ropa de colores, que no se llevaba en aquellos tiempos, y por su maquillaje estrafalario: polvo blanco de arroz, carmín para los labios y las mejillas; pero sobre todo por su comportamiento, tan indigno y tan inadecuado: miraban con descaro a los hombres, flirteaban con ellos y les piropeaban. La gente las llamaba locas, se burlaba de ellas y se metía con ellas.

En diferentes fotos de los años 50, 60, 70  se las ve cada vez más mayores, más demacradas, más escuálidas, más desgarbadas, pero siempre llevan el maquillaje, tacones y mucho color en su vestimenta.

Las dos en punto: hermanas Fandiño Ricart.

¿Quedaron trastornadas a raíz de las persecuciones, las torturas y la miseria que sufrieron, o simplemente se refugiaron en la locura?

¿Su paseo diario era una razón para levantarse de la cama, arreglarse para sentirse guapas y para sentirse vivas, o una manera de demostrar que no habían podido con ellas?  Allí estaban, vestidas de colores en las calles grises y tristes del Santiago de posguerra…ondeando la única bandera que tenían…

¿Era un acto de rebeldía? ¿Desafío al régimen? ¿Protesta contra las normas que indicaban a la mujer cual tenía que ser su sitio y su comportamiento? ¿Un grito de libertad?

Nadie tiene la respuesta a estas preguntas, nadie lo sabe. 

Las dos en punto: hermanas Fandiño Ricart.

En Santiago todavía hay gente que se acuerda de las hermanas Fandiño. Y ahora, desde 1994, también las recuerda una estatua en el parque de la Alameda. Su creador, el escultor César Lombera insistió durante años para conseguir permiso para instalarla. Mucha gente pasa por allí, algunos se interesan por la historia de las dos hermanas y, cada vez que su historia llega a alguien, ya no se olvida y se convierte en una denuncia y un homenaje.

Entradas relacionadas

2 comentarios en «LAS DOS EN PUNTO»

  1. Gracias por escribir esta historia conmovedora de dos seres frágiles a los que la brutalidad humana quebró, pero no logró destruir.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *