Si, por supuesto, había estado en Cantabria antes. Santander, Santillana del Mar, San Vicente de la Barquera, Cabárceno, Fuente Dé. Muy bonito.
Pero en esta zona nunca había estado y no esperaba que me fuera a sorprender tanto.
Recomiendo con todo mi corazón:
Arredondo, por ser la capital del mundo para sus habitantes en algún momento de su historia. Hay incluso una placa que lo confirma. Muchos vecinos han emigrado desde aquí a America para volver como indianos con sus fortunas. La torre de la iglesia recuerda a un faro, aunque esté tierra adentro y no se pueda ver desde el mar. El pueblo tiene mucho encanto.

Muy cerca existe un lugar mágico: el nacimiento del río Asón, una cola de caballo de agua de más de 50 m que cae del acantilado y puede ser contemplada desde varios miradores.

Ramales de la Victoria, por sus cuevas.
Desde que hace un tiempo pasamos unas vacaciones en Dordoña, una región francesa famosa por sus cuevas, me he convertido en una aficionada al arte prehistórico.
Podría hacer un ranking de las cuevas que he visitado.
En primer lugar estaría la cueva Lascaux. Es una reconstrucción de la cueva original, pero respetando cada recoveco, cada irregularidad de la pared. La belleza de las pinturas es inigualable. Para mí, esta es la catedral de todas las cuevas.
En segundo lugar, y antes de Altamira, estaría la cueva de Covalanas, conocida como la cueva de las ciervas rojas, que está muy cerquita de Ramales de la Victoria.
Que la hace especial?
Es una cueva pequeña, solo pueden entrar 4 personas con el guía. No es una reproducción, sino la cueva original. Carece de luz artificial, en la entrada hay que coger prestadas unas linternas. Escalofrío garantizado, tanto por la emoción de contemplar los dibujos perfectos de hace miles de años, como por unas corrientes de aire que vienen de no se sabe dónde a través de la oscuridad y juegan con la imaginación.
Como valor añadido, el entorno es precioso, como toda la zona.
La Cueva Cullalvera, que está al lado, no impresiona tanto, aunque no se puede no admirar su imponente entrada.

Cabárceno, por su paisaje, que ha sido creado en una mina de extracción de hierro a cielo abierto, a la que agradece las formas caprichosas. Además, si vas con niños, hay que ver los animales 🙂
Laredo, por su playa, que se convierte en un espejo con la marea baja, por su agradable casco viejo y su túnel del año 1863, recientemente pintado para imitar un acuario.

Vega de Pas, por su paisaje, que recuerda más a Escocia que a España.

A nosotros, además, la excursión que hicimos para conocerla nos regaló una buena dosis de adrenalina.
No es primera vez que me prometo llevar un buen mapa en el coche y no fiarme del GPS…
A la vuelta de Vega de Pas un amigo de la familia nos aconseja el camino alternativo, porque está lloviendo, la niebla va a cerrar y no le parece prudente que atravesemos el puerto de la Sía, por el que habíamos llegado, en estas condiciones. Nos explica el itinerario más seguro varias veces y con detalle, pero no prestamos mucha atención, porque tenemos GPS.
Por el camino pasamos de lado varios miradores, sin pararnos ni tampoco ver nada desde el coche porque estamos en un mar de nubes, pero tenemos suerte porque la niebla se disipa cuando nos acercamos al alto del Caracol. Desde ahí podemos contemplar el Valle de Miera, que, parcialmente oculto tras las nubes y bancos de niebla, no se nos puede mostrar más atractivo. Estamos encantados. Atravesamos San Roque de Riomiera y entramos en una carretera estrecha y muy pintoresca. Un transeúnte nos confirma que esta es la carretera que nos llevará a nuestro destino que está a tan solo 9 km. Parece que ya estamos en casa…
Una hora y media después nos empezamos a relajar por fin, hemos sobrevivido. No sé si lo hubiera conseguido si me toca llevar el coche a mí, aunque me considero buena conductora y me gusta conducir. Es muy probable que en algún momento de este camino hubiese parado el coche y me hubiese puesto a llorar. Es que esta carretera, por la que transcurre parte de la vuelta ciclista a España, es muy estrecha, para un coche solo, llena de curvas, sin quitamiedos y con desniveles que en algún momento llegan al 28%. En el punto más alto se encuentra un monumento a la vaca pasiega…
No lo recomiendo 🙂
Tengo apuntada esta carretera en la lista de mis deseos:) Quiero hacerla andando, pues según lo poco que pudimos ver, parece que es de una belleza extraordinaria.
También quiero volver a San Roque de Riomiera y hacer la ruta de las cabañas pasiegas.
Así que si te gusta el verde, el olor a vacas y a hierba mojada, los bosques de castaños, alisos, robles, encinas y avellanos, las laderas escarpadas asomándose por encima de las nubes, los pueblos con casas blasonadas; si no te importa la sensación de vértigo que puedes experimentar detrás de una curva cualquiera… vete a Cantabria, pero antes de ir no te olvides de revisar los frenos 🙂
